En Compostela, en Galicia y en el resto del mundo del siglo XIX se desconocía el confort; su concepto. Por lo cual no se sentía su carencia. A finales de este siglo se empieza a tomar conciencia del que provenía de Flandes-Holanda, que ya poseía una larga historia, y del que llegaba de América-América, ...aquella gran nación..., además del incontrolado deseo que provocaba la visión de las manufacturas alemanas, francesas e inglesas que se desembarcaban en las costas gallegas.
Una de estas asunciones del confort y de su reflejo como símbolo estamental se da a conocer a través de la pintura, en el retrato y en las revistas ilustradas.
Recordaré la suerte de la siesta en el sillón de anea que en verano y en la galería acristalada del pazo o de la casona fue siempre una demostración de estilo y poder; muy requerida por el establishment del XIX.
Sírvanos de buen ejemplo el escorzo del caballero carlista y profesor santiagués don Alfredo Brañas que pinta Fenollera y también el de don José Ruiz y su amigo el profesor Isidoro Brocos que dibuja el niño Picasso cuando vive en Galicia. El éxito de Fenollera, valenciano de origen, fue fulgurante; se convirtió en uno de los más requeridos retratistas de sociedad. Tuvo entre sus modelos al señor García-Prieto, abogado de origen berciano, yerno de Montero Ríos, futuro presidente de gobierno y marqués de Alhucemas.
El retrato, que se denominaba de presentación se comenzó a entender como carencia.
Las santiaguesas, ante la posibilidad de embutir las paredes vacías de sus saloncetes, sintieron el irrefrenable deseo de poseer una imagen de su santo esposo, en marco dorado, al óleo y firmado por Fenollera, Brocos, Pardo Reguera, Román Navarro y en lo más reciente por Álvarez de Sotomayor y Quintas Goyanes. A ser posible, presto y embellecido, cual el fornicador Duque de Riánsares, el traidor Montpensier o el odiado coruñés-asturiano y ex-ministro republicano Pérez Costales que en el devenir sería pintado a lo velazqueño por Joaquín Vaamonde.
...Hay Joaquín, Joaquín... Tan gallego... Tan hispano..., con aquel bigotito y aquel sabroso acento... Silbaste contra el viento... y olvidaste el proverbio que dice: «dime con quién andas [la Pardo Bazán] y te diré cómo terminas»...
Lo inaudito. Lo que hace universal a Compostela es que el médico y odiado ex ministro federal Pérez-Costales tenga una rúa bautizada con su nombre. Es posible que cuando se decidió tal honor, los concejales en comisión no supieran que Costales fue uno de los demonios familiares de la Compostela del tiempo de los troyanos.
En otros epígrafes me extenderé sobre el confort urbano, el familiar y el social. Despido este apartado anotando que el paraninfo del Coliseum al que se refiere el ex-juez don Ventura fue decorado por Fenollera y Urbano González como ayudante. Este último artista, santiagués de pura cepa, fue profesor de Pablo Picasso en la Coruña, profesor en Artes y Oficios en Santiago y consuegro del sadense Lugrís Freire. Está por estudiar la influencia que tuvo don Urbano en la generación de la excelente estirpe de pintores que hoy por hoy finaliza en Lugrís Vadillo.
Lucindo-Javier Membiela
*Extraído de la Edición Mayor de La Casa de la Troya, de próxima publicación.
*Estampa: Chica leyendo (Renoir)