ALEJANDRO PÉREZ LUGÍN
compostela

“EL BUENO Y EL MALO”, EL CAPITAL HUMANO, GERARDO ROQUER Vs OCTAVIO "MARAGOTA"

2 de enero de 2012

  
Las ciencias adelantan que es una barbaridad. Quién le iba a decir a Lugín que algunos de sus escenarios y personajes serían observados bajo la lupa de un análisis basado en el concepto del “capital humano”.
Me ceñiré a la diferencia que existe entre el protagonista Gerardo Roquer y Paz y su “enemigo del alma” Octavio Fernández Valiño, alias Maragota.
Vaya todo en recuerdo a los contertulios y al dueño de una tasca eterna que se encuentra al comienzo de la Rúa del Villar, en el ramal en el que se despega de la Rúa del Franco. Esta taberna en la que se sirven unas inmejorables patatas guisadas y vino del Ribeiro tiene una parroquia muy aguerrida y enfrentada por sí y por no al don Gerardo Roquer de la novela La Casa de la Troya: “que es un madrileño que chegóu a Composela a levarse a fermosa Carmiña”. Frase que se oye de cuando en vez en las aulas de la Universidad y en las reuniones más eruditas.
El capital humano es una de las variables que conformando la función del crecimiento económico y junto al “capital social” se incluye en los modelos que analizan la sociedad; ya sea a nivel local como Santiago o a nivel nacional.
El capital humano se valora de menos a más según la diversidad y la calidad de: los conocimientos adquiridos, la habilidad, la capacitación y la experiencia de cada sujeto y del grupo como integración de los mismos (a partir de Cameron y Neil, 2005).La apariencia y la fuerza física, el carisma, el status, la reputación, la salud y los valores también forman parte del capital humano (Cauler y Sandler, 1980; Becker, 1996).

En fin.
En la novela se advierte que Octavio Fernández Valiño cuenta con mayor capital humano que Gerardo Roquer.
Don Octavio es licenciado en Derecho y se percibe que a su tiempo será Doctor. Lugín escribe que es “estudioso, talentudo y serio”, que pertenece a diversas asociaciones, que es un brillante orador castelarino y que sus opiniones son tenidas en cuenta incluso en el “Senado” del Casino de la Rúa del Villar. De su boca, don Ventura Lozano asevera que “algún día hablará en donde los diputados” y el redactor de El Libredón, Jesusito Mollido, asegura que llegará a ministro.
El segundo, Gerardo Roquer, cursa durante el tiempo que abarca la obra, los dos últimos años de la carrera de Derecho; llegando a Santiago procedente de la villa y corte de Madrid. Su padre le envía a la universidad “más alejada” para que se centre y deje de lado su vida disoluta, distraída y propia de un holgazán vividor.
Esbozados estos detalles, el lector percibe que la diferencia parece evidente; pero el bueno de Lugín posee el arte del folletin y escuda las ¨virtudes" de Gerardo tras una capa de nata y merengue apapuchado .
Matizaré. La personalidad y el status de Octavio Fernández Valiño es “fijado” desde el inicio de la obra. No hay nada que no sea al principio y del que no se sepa el final. Por el contrario, Gerardo Roquer y Paz, como protagonista, sufre, -se espera con ilusión que sufra-, una mutación ¨para bien" y el divertimento y la felicidad de los jovencitas enamoratrices.

Gerardo se transforma. Sale del capullo y de su disfraz de Peter Pan en lo que pueda aparentar y  de no estudiar y no asistir a las clases y estar encerrado y deprimido en la posada se consagra ante los lectores obteniendo buenas notas y a relacionandose  con el ambiente que le rodea. En ello influye el obvio  amor que siente hacia Carmiña y la amistad que labra con sus compañeros de la casa de la Troya.
Vuelvo al principio para recordar que el capital humano, ya sea de Octavio o de Gerardo es una integración del conocimiento, la habilidad, la capacitación, la experiencia, el carisma, el status, la reputación, los valores y la apariencia.
Aparentemente la figura de Gerardo Roquer es más atractiva. Tanto en lo físico como en lo “hedónico” y sus relaciones son más amicales y menos “afectadas”. El protagonista tiene un estatus alto, su padre es un capitalista de Madrid con negocios en Francia, que sumado a todo lo antedicho lo lleva a la espectacularidad, una actividad plagada de momentos “efectistas” y epatantes y el premio de una aureola, en propiedad, de triunfador nato. En su interior subyace la caballerosidad y algunos de los valores que todas las mujeres esperan que luzcan los protagonistas; como los que se desprenden de la anécdota de la jornada en Puente Pedriña cuando sale en defensa de un desvalido y vejado trovador de circunstancias.
Gerardo es un joven educado que de inicio no tiene nada que demostrar. Mas el muchacho cambia, porque los valores que trae a Compostela son una base de barro y aun cuando  no se sabe a ciencia cierta cuál será su futuro profesional parece que busca y halla una base mas consistente.
En lo que concierne a Octavio:  no proviene de un estrato alto; su madre, Jacinta, servía en la casa de los abuelos de Carmiña y se había casado con un peón “lagoeiro”, aunque se denota que Octavio es hijo del tío de Carmiña, siendo su cuna de cobre la que le conduce , para alguien que sólo piense en los efectos Freud y Jung, a sobresalir tanto en sus estudios como en la vida pública. Octavio, a diferencia de Gerardo, tiene un status que labrarse. Y a ello contribuiría su casamiento con Carmiña; de la que también está enamorado. Por lo que su madre, ¡madre no hay mas que una!, Jacinta Valiño, emplea una serie de estratagemas maliciosas . El lector rechaza esta maniobra, en la que incluye tanto a la actante como a su hijo. Mas cabe señalar que en Octavio, a diferencia de su madre, no hay ningún dato que señale una actitud carente de ética.
Para finalizar, indico que en la productividad del capital humano influye el capital social de los sujetos, esto es su entorno y red de contactos (Dasgupta, 2005).
Mientras Gerardo, debido a su entorno, cuenta con un notable  capital social individual, Octavio debe labrarse ese capital social. De ahí su pertenencia a asociaciones, su codeo con los profesores de la facultad y su presencia en los domicilios de la clase alta compostelana. Esta implicación y el trabajoso camino de llegar a la cumbre de su bienamada Compostela es lo que lleva al lector a la consideración de que el novio desechado por Carmiña y por las amigas y amigos de los protagonistas  es un logrero y que su amor es instrumental (véase para este tema Bruni, 2001, 2008).
Con gran habilidad Lugín opone al amical y rico Gerardo Roquer el aparentemente utilitarista y muy subjetivo Octavio Maragota, llevando al lector al terreno que desea; cuando y bajo el estricto análisis del capital humano la figura de Octavio Maragoto supera a la de nuestro buen amigo Gerardo Roquer,..., -recuerde el lector la escena del Teatro Coliseo-.
 


Matías Membiela Pollán
  

*Litografía de Demócrito, A. Sojo (1849-1908). Colección Día de Moda, año 1881. Direc. Eusebio Blasco. Biblioteca, Fembiella Art´s.

 

 

 

 

 


 

Foto
The House of Troy
OBRA PREMIADA POR LA REAL ACADEMIA DE LA
LENGUA ESPAÑOLA
Edición de Lucindo-Javier Membiela
Ilustraciones de Cristina Figueroa