ALEJANDRO PÉREZ LUGÍN
compostela

ARRIEROS. LA CASA DE LA TROYA. SADA-BERGONDO-CORUÑA.

31 de octubre de 2016

 

Los fondeaderos del siglo XIX, los de San Sebastián, Santander, Gijón, Ribadeo, el de Noya que era del Obispado de Compostela, Coruña, Vigo, Barcelona, Málaga, Alicante y las villas anexas con casas y un almacén-atarazana, con asiento para arranchar los barcos de madera que se construían en los cómaros y entrar y salir del mar mediante bancales y gradillas, tenían una desorganización muy jerarquizada. El pescador, en muchos casos descendiente de los antiguos marineros que de siempre  anduvieron a la pesca del congrio, la merluza, la sardina, lenguado, sardas, calamares, bonito, lubinas en un mar tan feraz como el del Cantabrico y Sada, y al corso, y a la pesca del bacalao y a caza de la ballena, pertenecían a la gente brava.

Los armadores y los agioteros eran gente dura.

Los salazoneros eran gente mandona y seria.

Y los arrieros que llegaban al trato para comprar una carga de pescado cecial, en escabeche o prensado eran gente directa.

Los consignatarios eran los señores, los caciques, los que pagaban el jornal, los que bebían y comían a capricho y más; mientras que a los demás oficios de la mar, una de las profesiones más duras del mundo, andaban los capitanes, los aventureros, los duros marinos ... y los niños-chicos que entraban de grumetes en Londres o se salían de charranes en Cádiz y de rillotes en Tuy.

Desde los barcos de vela o a vapor y vela y por la gracia de la fuerza a brazo partido, palancas y guindastre, se descargaba la mercancía en las barcazas y las chalupas, que después se aproximaba a la playa donde con frío o calor la coya la diponía en los carros de bueyes que se entraban hasta las barcas por unas correderas hechas con tablones. A continuación, la mercancía se transportaba a las lonjas y allí comenzaba otra historia; que podía acabar en unas cajas en las que se entremezclaba la paja, el hielo y el pescado y que se cargaba, en Carril, en el ferrocarril El Compostelano para enviarlo a Santiago; desde Sada se cargaba en tartana o en lancha hasta Coruña o desde Coruña se mandaba por tren hacia Madrid.

En lo que se refiere a La Casa de la Troya, los transportistas, llámense arrieros, tenían su propio barrio y las cuadras y los pesebres a lo largo de Concheiros, San Pedro y la Vía Francígena; y también en el barrio de Galeras, Huertas y Carretas.

El porteo en largo trayecto lo hacían los arrieros, los ordinarios, los mayorales, los maragatos y los carromateros, anda que te anda en recua, galera, diligencia y carruajes en general. Mientras que para el trayecto corto se utilizaban las tartanas, los mandaderos, las jaquillas y los asnos.

Poco a poco, el barrio de San Pedro, que era tributario del beneficio que le producía el transporte a fuerza de sangre en la línea de Madrid-Astorga-Lugo, del contrabando que entraba desde la franja de Muros por la Rúa de Galeras, del grano de Bergantiños, de la carga de los productos estancados que provenían de Coruña y de los depósitos en Pontecesures, fue desplazado por la estación de Cornes y la estación Coruña-Madrid. La mercancía marchaba en tren y los arrieros de largo recorrido encontraron su finiquito; asidos durante unas décadas a las líneas transversales que el ferrocarril no cubría.

¡Qué le voy a contar a usted! Con la llegada del tren ferrocarril desapareció un apasionante estilo de vida. En otros epígrafes y en lo que le corresponde a Compostela volveré a la gente del camino.

 

Lucindo-Javier Membiela.

Matias Membiela Pollán.

 

*Grabado siglo XIX. Vista de la ciudad de Coruña, Biblioteca Fembiella Art´s..

 

Al paso de los años, los descendientes de estos arrieros, ricos y de reata o rueda, se pasaron a la cria,  compra-venta y alquiler, de los tiros completos para las diligencias de travesía  o bien se hicieron: comerciantes, fabricantes de chocolate al modelo del gran Uría de Coruña o de los chocolates Lopez que se extendían por toda España, propietarios de ultramarinos, empresarios (capitalistas, tal como se  decía en el siglo XIX), o profesionales y politicos reconocidos.

En uno de los casos que me toca de cerca un capitalista de las Mariñas y Tierras del Mandeo (en Sada-Bergondo) con una tradición familiar y secular en esta tierra y el entramado gallego-leones, y nacido en el siglo XIX en  la Somoza que conocí, - que manejaba telas e importación de tejidos, almacen de vinos al mayor, armadura de barcos, fabricas de  salazón para la distribución en España y la exportacion, foros y la administracion de diversas propiedades-, se diferenciaba de un maragato o arriero o -arriero maragato- (porque arrieros los había en todos los pueblos, villas, ciudades y comarcas) : en la distribución de su casa, sus usos e intereses y su exposición activa al camino..

En los papeles y actas casi arqueologicos que de este industrial pude rescatar y que en aquellas fechas del XIX y principios del XX procedían de la mano de los escribientes aparece de vez en cuando el apunte "paguese al maragato"...Lo que viene a confirmar lo expuesto y que tantas veces comente con mi inolvidable canonigo y archivero de la catedral y obispado de Astorga don Augusto Quintana, que diferenciaba en aquella tierra vecina a Galicia y que atraviesa el bienamado Camino de Santiago las grandes casas que eran de "Comerciante" y las que eran de "Arriero Maragato"; sin que tal diferencia implicara alguna jerarquización social e incluso una atribución apelativa exacta. Es mas, el hijo del denominado maragato en los apuntes contables rescatados llego en estas tierras gallegas a alcalde de su villa, decadas  despues de que lo fuera uno de los dos hermanos que manejaron, primero en herencia y después por su empuje, aquel foco local del siglo  XIX, que engrandecieron hasta los años sesenta en que lo fueron cerrando debido a su provecta edad.  

 

Foto
La Casa de la Troya The House of Troy La Maison de la Rue de Troie La Casa de la Troya Edición Centenario
OBRA PREMIADA POR LA REAL ACADEMIA DE LA
LENGUA ESPAÑOLA
Edición de Lucindo-Javier Membiela
Ilustraciones de Cristina Figueroa

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