ALEJANDRO PÉREZ LUGÍN
compostela

ESTACIONES

29 de abril de 2016

En las casas hidalgas la atención al laboreo en las estaciones de la primavera, del verano, el otoño y el invierno se seguía con la pasión de la gente que ama la tierra y vive de su buena administración.

Era una obligación.

Era una devoción, que durante unos días unía a los señores y a la familia que quedó allá en la aldea. Los hidalgos y los propietarios volvían a cobrar los foros de las tierras que les correspondían, a llevar el buen orden en la plantación de las suyas, a planear con el mayordomo de la casa la sementeira, ayudar en la cosecha del trigo, el maíz y la patata y a vigilar el asilado y trato de la uva, la miel, la castaña y la nuez.

Este uso, con el tiempo adoleció. El último vestigio de aquella costumbre, otro es el ademán con el que lo viven los paisanos de hoy, es  la fiesta del patrón a la que retornan los que se fueron; pero nunca se marcharon.

En otoño, Compostela olía a vendimia, a vino criado, a castañas y nueces y a figos almibarados, cuya muestra en cestas, ollas y sacos traían los petrucios y vinculeiros de sus posesiones. En invierno seguía oliendo: a castañas frescas y pilongas e a fariña branca con las cuales se hacía la repostería de la casa y también el caldo; a naranjas, a limones, a manzanas y ciruelas; a pernil curado y a los chorizos y al renuevo de los jamones; a fartura;  a Navidad, a besugo, a merluza, a galo, a pularda, a galiña e polo, a capon, a faisan, a flan y tocinilllo de cielo, a mazapan, a natillas, y a confitados. En primavera se desprendía el olor a la flor y a la fresilla que nacía a pie de tierra en los lugares más umbríos de la huerta de la casa; de los patios conventuales y de todas las moradas compostelanas, tal como la del Pozo que es la  casa de la ventanuca en la Rúa del Villar y no  la  "casa de renta" vecina que agacha una sala de exposiciones plasticas; y por último y en carnavales el aire se preñaba del aroma a orejas y demás frutos de sartén, a filloas, a cocido gallego, a flan, a las primeras frutas de hueso, arroz con leche y a torres de caramelo. En el XIX y en Compostela, privaban los dulces aromatizados por la canela. 

 

Confiterías Mora, Blanca y don Hilarión. Instrumentos manuales de oficio manejados en la trastienda.

 

Había calles como la de la Algalia de Arriba que siempre olían a jalea, y conventos como el de Belvís, la Enseñanza y Santa Clara en que el olor de la compota, los almendrados y las galletas de manteca trascendían al coro y a la capilla. Hoy en el zaguán principal del monasterio de San Paio, al arrimo del torno, cuelga o colgaba un reclamo  que decía: «En este convento, no se venden dulces ni confites». ¡Bienaventuradas! 

Vuelvo a lo que escribí en unas líneas más arriba. Entre la rua Nueva y la del Villar discurría un sendero que entraba por Riego de Agua en direción a Entreruas, al que daban  los recunchos posteriores echados a huerta y cenador y jardín y pozo que presentaban las casas que ofrecían su frente a las ruas del Villar y Nueva.  Parece que la autentica Casa del Pozo es la que  asienta su primer piso sobre un soportal que sostiene  una ventana-mirador en el lateral desde el que se resigue lo que nace y ocurre, uva madura y despues pasa, en la bella rua del Villar.

A este lugar llegaba, entrando en espera un batidor de San Caetano en su caballo llevando de un cabo atado al ronzal el alazan del comandante-medico; tal cual como en un generico simil lo pintó  don Roman Navarro que por el equivoco de un critico, debido a que en la estampa también aparece una bella muchacha de servir,  se denomina "Pelar la Pava". . 

Por aquellos acogedores y arborescentes patios de luces, recunchos y hortales al aire libre que están hoy divididos por el cemento, la mampostería  y los azulejos discurría el agua de los riachuelos de Compostela que de vez en cuando se remansaba preñada de renacuajos en la taza de una fuente o se vertía en una cava de tierra al pie de los muretes que separaban los oasis de las casas mas nobles y humanas del occidente europeo. 

 

Lucindo-Javier Membiela.

Matias Membiela Pollan.

 

 

* En Galicia y en casa hidalga había más de cuatro estaciones o razones por las que los amos y la familia estaban en un continuo vaivén entre el pazo, el caseron o el lugar, y la villa compostelana, Vigo, Coruña, Orense, Pontevedra, El Ferrol, Mondoñedo, Betanzos o Monforte.

 

 

 

Foto
La Casa de la Troya The House of Troy La Maison de la Rue de Troie La Casa de la Troya Edición Centenario
OBRA PREMIADA POR LA REAL ACADEMIA DE LA
LENGUA ESPAÑOLA
Edición de Lucindo-Javier Membiela
Ilustraciones de Cristina Figueroa

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