La Facultad de Farmacia tiene una larga y hermosa trayectoria entre todas las enseñanzas que integran la Universidad de Santiago de Compostela. Por sus aulas y cátedras pasaron un buen número de hombres del saber, que en algún caso finalizaron su carrera en Madrid y demás ciudades de España e Hispanoamerica, Estados Unidos y resto de Europa.
Fue creada por la Ley de Instrucción Pública o Ley Moyano de septiembre de de 1857 y compartió el edificio de Fonseca con la Facultad de Medicina hasta que ésta se instaló en su nuevo edificio de la calle San Francisco, en 1928.
En 1888, año de referencia de La Casa de la Troya, su decano era don Esteban Quet Puigvert.

El Pazo de Fonseca, sede de la Facultad de Farmacia en los tiempos de "La Casa de la Troya".
Su plan de estudios le hizo ronda y canción a la: Materia Farmacéutica Animal, Materia Farmacéutica Vegetal, Estudio e Instrumentos, Mineralogía y Zoología, Botánica Descriptiva, Farmacia, Químico-Inorgánica, Farmacia Químico-Orgánica, Clasificación de Objetos, Práctica Operaciones.
Los índices, similares a los de Derecho y Mecicina, eran: aprobados, 91,2 %; suspensos, 3,3 %; no presentados 5,5 %.
Entre sus ilustres profesores se encontraban Antonio Casares, Rodríguez Carracido o Casares Gil.
Hasta el siglo XIX, setenta años antes del escenario de La Casa de la Troya los estudiantes de Farmacia denominados quietos boticarios —escribe Lugín: «Eran los viajeros, en su mayoría, estudiantes que iban a buscar en las aulas compostelanas la ciencia que había de hacer de ellos, andando el tiempo, quietos boticarios, grandes médicos o pequeños rábulas […]»— tenían que presentar los textos y los libros de curaciones a la patente de la Inquisición; que en su caso se aprobaba y firmaba en el antiguo edificio de la actual plaza de Galicia; pidanse los libros manejados del siglo XIX y cualquier clase de información a la BIblioteca Fembiella Art´s.
En 1887, algunos boticarios jugaban con su buena fe y la de sus pacientes porque creían en la farmacia que administraban.
Su ciencia se había saneado pero persistían los proverbios, lo hicieron hasta los años sesenta del pasado siglo, y las supersticiones y la Gran Literatura Farmacológica que en aquellos años finiseculares empezó a ser absorbida por los saludadores, sanadores, ensalmadores, curadores, charlatanes y nigromantes de todos conocidos, poco perseguidos y ahora aperendidos en los libros antiguos que recetaban formulas para todos los males.
El rastro de ellos y los ministriles perduraron en San Pedro y la Rúa de Huertas hasta bien avanzado el siglo XX en que se enlazo con la verdadera parafarmacia.
En cualquier caso los farmacéuticos del XIX también hacían fórmulas magistrales paliativas o sintomáticas utilizando productos ineficaces. No había otra cosa; y lo que provenía del resto de Europa era un chiste o simplemente más de lo mismo.
Las boticas civiles eran un buen negocio, con una atmosfera pasiva y a la espera, que se prestaba a la charla distendida y a la formación de opinión. En su rebotica se reunían los curas, los militares, los abogados no torticeros, los notarios serios, los profesores, los canónigos y los comerciantes. No era extraño que estos grupos abrieran todas las vedas y en especial la de la caza en la que el farmacéutico era el maestro debido a su perenne actividad de pulsador de unas balanzas que trabajaban con gramos y centigramos depolvora y plomo.

Placa conmemorativa de la Facultad de Farmacia (1857-1971).
Por otra parte las boticas religiosas, más serias y apegadas a su Casa, a las que don Alejandro hace una referencia tangencial cuando escribe: «[…] y [Panduriño] acudiendo a la enferma pidió a la monjita: || —¿Quiere usted traerme una infusión de tila? || Cuando salió la Hermana, encarose con Gerardo […]», atendían la demanda de sus internas.
Hipolito de San Bravo escribió en 1983 un excelente libro sobre el tema, Boticas Monacales y Medicina Naturista en Galicia (León: Ed. Everest), en el que estudia aquel mundo; sobre el que por otras papeletas de mas se me alcanza que:
los monasterios de San Francisco, San Payo, Clarisas, el Carmen y las Mercedarias, tan injustamente atacadas por unas hermanas en Cristo embebecidas en un error nimio e inesistente, -q.d.l.c.c.-, tenían su huerto o cuadro próximo al pozo y a los regatos y a la luz del sol o bajo la sombra de los pequeños arboles tal fuera -la su conveniencia-;
que el fraile boticaro, o "freira", en su caso, trabajaban con un aprendiz(a) al que le iban transmitiendo su conocimiento;
que la opinión general ensalzaba la feracidad medicinal de la comarca de Pontevedra-Vigo-Tuy; que los monjes también recibían plantas vivas y hierbas que eran transportadas en cabotaje y por arriería u ordinario;
y que los exclaustrados, por culpa de un movimiento mal planificado y embravecidamente ejecutado que se llamo -Desamortización- se dedicaban a la enseñanza y a la pasantía, a la botica por libre o empleándose como mancebos ¿viejos? en una farmacia.
Las boticas de los conventos santiagueses atendían sólo la demanda de las personas de confianza, a los que entregaban el preparado a través del torno del zaguán.
En el mercado de abastos de San Agustín de Coruña y Compostela y en los de las demas villas gallegas las labradoras también suministraban las hierbas que se les pedían, cuando O Cabalo y Maroño,..., o Isolino, o García, o Moscoso,..., miraban para otro lado...; y cuando el expendedor, por lo general catalan y con patente del ayuntamiento,expandian su mercancia en un puesto temporal.
Algunos de los tipos de boticarios al margen son descritos en otros epígrafes.
Hago una doble salvedad:
con la generalización de la electricidad se inventaron unos ingenios jaula que se anunciaron como definitivamente curativos y en cuya plástica publicidad incurrió el mismo Picasso durante su etapa gallego-madrileña;
y también con el torbellino del espiritismo, -que era la nueva magia de los estudiantes y los ricos y los burgueses y los timadores y la gente teatral, entre ellos el escolar, masón y colaborador del Café con Gotas sr. Otero Acevedo, y el exótico mejicano-español don Ramón Maria del Valle-Inclán-, se acompañó la puesta de largo de las inacables curaciónes mentales y sicosomáticas.
Vease -hipnotismo-.
Lucindo-Javier Membiela
Matias Membiela-Pollan
*El decano de la Facultad de Farmacia, Esteban Quet Puigvert.