"Breve tiempo ha", hallándome en un conocido café de Sada, que por nombre utiliza el popular apelativo de Chiringuito, vi a Charo Borrazás Lorenzo, una bella economista nacida en Gandarío - Bergondo.
Mi apreciada Charo es una culta aficionada al folk y a la historia colectiva de su pueblo. En el caso que vamos a tratar, me refirió algunos incidentes y tales y cuales incisos sobre las estancias veraniegas de Alejandro Pérez Lugín en su bienamada tierra de las Mariñas (Sada-Bergondo-A Lagoa-Gandarío-Tatín-Guísamo-Armuño-Betanzos), donde disfrutó del paisanaje, de la flora y la fauna y del señero paisaje donde además de relajarse y descansar concibió la obra La Casa de la Troya; y donde situó el escenario en el que Carmiña Castro Retén tiene su pazo familiar y en donde se desarrollaron diversas jornadas de la novela.

El Chiringuito de Sada, donde en más de una ocasión ha salido a relucir el motivo Pérez Lugín - La Casa de la Troya. Foto: Matías Membiela.
Las veces, navego con mis amigos por la calma y anchurosa ría de Betanzos-Sada-Ares, disfrutando de la pesca y los vientos y preguntándonos por las sensación que percibió nuestro apreciado autor cuando se embarcó a la pesca de la merluza o cuando desde su casita de A Lagoa, inmediata a Gandarío, era testigo de esta maravilla que en boca de don Laureano de Castro es superior, más bella, que los lagos suizos.

Panorámica de la hermosa y plácida ría de Betanzos - Sada, que don Alejandro alaba en su obra. Foto. Matías Membiela.

Casa de A Lagoa, frente a la ría, donde Lugín escribió buena parte de "La Casa". Foto: Matías Membiela.
Caminar por Ouces, donde Lugín sitúa la protectora iglesita de Tatín, y pasear por Moruxo, donde se encuentra el pazo en el que veraneaba su amiga la poetisa Filomena Dato Muruais, es muy sugestivo y reconfortante hasta el punto que es muy fácil percibir la realidad del siglo XIX y principios del XX evocada por don Alejandro.
Charo y yo, en aquélla larga conversación, recaímos en lo que atañe a "la casa de la Tona", en la que se hospedó Gerardo Roquer cuando cual enamorado y desde Madrid acude a la busca da cariña e o dulzor de a verba da súa Carmiña.
Le comenté a Charo que en la zona hay un cartel del Ayuntamiento que dice "Avenida Pérez Lugín", y que por un casual y en la misma casa donde se halla la inscripción entré hace años en conversación con una agradable señora, pariente de Tona, que me indicó que aquella misma era la casa-lugar de la antigua "tarberna" reflejada en la obra de Lugín. Charo me respondió que disfrutando en el CGAI de Coruña, junto a sus padres, de la película La Casa de la Troya de 1924, estos le habían señalado la figura de su bisabuelo que aparecía cual figurante en dicha taberna. Don Alejandro, como director junto a Manuel Noriega, había filmado algunas escenas de su obra en el escenario real y había utilizado los mismos personajes del lugar; varios de los cuales aparecen citados en La Casa y en La Corredoira y la Rúa.

Iglesia y entorno de Ouces-Tatín. En la novela, Carmiña Castro Retén frecuenta estos lares durante su estancia en las Mariñas. Foto: Matías Membiela.
A Charo también la inquirí acerca del apellido Pulleiro, los Pulleiro, pues una tarde de un sábado, a la salida de misa en la iglesia de Tatín, a la que acudí con unos amigos, me había fijado en una lápida del cementerio anexo que rezaba "Pulleiro". Recordaré que Adolfo Pulleiro es el estudiante de Medicina en Compostela y habitante de la fonda de la Troya, apelado como Panduriño, y que toca el cornetín en una de las romerías a la que acuden Gerardo y Carmiña en las Mariñas. Pensé la posibilidad de que Lugín, que era dado a emplear nombres y apellidos ciertos e inciertos para designar personajes inciertos y ciertos en sus escritos, tomara el de Pulleiro para alternarlo con el de Panduriño designando con ambos al mismo personaje. Charo me comentó que los Pulleiro son naturales de la comarca desde un tiempo inmemorial siendo muy probable que don Alejandro coincidiese con alguno de ellos en los años anteriores y posteriores a la publicación de La Casa.
Más de una vez, dos veces... y cientos de veces, he visitado y paseado los lugares de los que escribo, de los cuales conservo fichas y fotografías, pero deseando renovar alguna de mis estampas y completar alguna duda, en estos días y tras la conversación con Charo me allegué de nuevo a "la casa de Tona". Al detenerme en sus cercanías observé la ventana entreabierta, por lo que juzgué que había gente en la casa. Iba a timbrar pero en ese momento se abrió la puerta y salió el marido de la actual dueña, que se dirigía a comprar el pan en la tahona de enfrente. El mismo esposo, antes de cruzar para hacer su recado, llamó a su esposa, y nos dejó en amable conversación.
Algunos de los apellidos que emplea Lugín parecen proceder de la topografía de la zona, cuando no los utiliza a partir de la gente que conoció, o los deforma hasta el infinito. El apellido Mosquera es propio de la comarca de Bergondo-Betanzos hasta el punto que la condesa doña Emilia Pardo Bazán lo poseía entre sus primeros cuatro costados. Pues bien, la señora que me atendió, ya conocida, se llama Doña Ana Mosquera. Su vida es la propia o es un símil de muchas de las de sus vecinos que incluso recoge Lugín en La Corredoria y la Rúa.
Nuestra sadense-bergondesa, Doña Ana Mosquera, a los 19 años había marchado a Nueva York, volviendo de cuando en vez por la morriña y reconvirtiendo su acento gallego en un castellano con deje norteamericano.
Afable como siempre, me contó in situ cómo era la casa en tiempo de Lugín y cuáles eran sus transformaciones más evidentes. Me habló del antiguo balcón existente en el segundo andar; y también me indicó los lugares precisos en los que se encontraban el mostrador de la tienda, la cocina (que pasó de lar a bilbaína), y los bancos y escaños para descansar.

Casa-Taberna de Tona, hoy propiedad de su sobrina nieta, en la que por un tiempo se hospeda Lugín (en la realidad) y Gerardo Roquer (en la ficción). Foto: Matías Membiela.
Como en todas las casas de aquel tiempo, fuera se encontraban las argollas en las que se ataban los animales de carga y paseo; y un lugar de descanso como era lo propio en muchas de las ventas y fondas del camino. La madre de doña Ana, le evocaba la llegada de Pérez Lugín a lomos de un alto caballo, que en otros casos y es de suponer debido a la mayor seguridad que ofrecen estos animales, serían los lomos de una mula de alzada, de un muleto y, al final, de los coches Ford a los cuales fue tan aficionado. El autor se había alojado en una parte del piso de arriba en el que escribió algunos relatos de La Casa y de La Corredoira y la Rúa.
Mi muy amable amiga al pronto me dijo conocer dónde estaba enterrada la Tona, la antigua ama de la fonda donde se hospedó Lugín y que luego le sirvió para ambientar la estancia en que lo hace Gerardo Roquer, el protagonista de su novela más popular. Respondía al nombre de "Antonia Villar López", y yace bajo su lápida en el cementerio de Ouces.
Con los saludos a su marido, me despedí de la señora, quedando en vernos en otra ocasión y me desplacé al camposanto para fotografiar la lápida de alguno de los Pulleiro y también la de Tona, que era la hermana de la abuela de Doña Ana Mosquera.

Lápida de Antonia Villar López. Cuando don Alejandro finaliza "La Casa de la Troya" (1915), la Tona tenía 39 años. Foto: Matías Membiela.
Noventa años después del fallecimiento del periodista y escritor, la memoria de Pérez Lugín (1870-1926) aún vive en la tierra de las Mariñas; recibiendo el aire salino y la brisa vivificante que se allega desde el Atlántico y el cementerio de San Amaro donde está enterrado y refrescando el gran Golfo Ártabro; una de cuyas hijuelas es la fronda de Ouces-Tatín-A Lagoa-Bergondo donde nuestro querido autor precisamente vivió algunos de los mejores años de su vida.
La obligación de un pueblo es la de festejar a sus poetas y escritores, mantener las costumbres que lo definen y sus tradiciones y su rica cultura, tal como Charo y Ana siempre desean cuando alguien refleja la historia verdadera, la de ficción que al final se basa en la realidad, y el buen hacer de la gente de las Mariñas de Sada.
Matías Membiela Pollán
Sada, 30 de julio de 2016.