ALEJANDRO PÉREZ LUGÍN
compostela

SANTIAGO. LA FERIA DE SANTA SUSANA (I).

3 de octubre de 2016

Los jueves.

Os xoves de tódalas semás do ano a cidade de Santiago tornaba a mágica y el coto de Santa Susana era una zarabanda de maravillas y maravillosos colores, cantos, trovas, llamadas, cuchicheos, voces con acento regional, europeo, de America del Norte y de America del Sur, modulaciones cantarinas y de "becerro mate", sones, relinchos, graznidos, mugidos, desplantes, puestos de venta y humildes y ostentosos vestidos gallegos de faena o aventurado paseo.

Toda la acogedora Galicia, celta y sueba e ibera, en feria en la villa de Composela; principiando el miércoles cando ó anoitecer e baixo a lua escomenzaban a chegar os viaxeiros e tratantes e no couto empezabase a armar un campon con largos vericuetos, praciñas, y  profusión de paravientos.

Quien no la haya conocido puede dejarse llevar por la imaginación:- «una villa maga», «una feria saludadora»-: y se hallará todavía lejos, moi lonxe, da sua esencia; a sua atmosfera e aquel o seu ambente.

Con mi generación se cierra una etapa que todavía conservó y recordará el ambiente en que vivieron los escolares del siglo XIX y XX; y los hombres del medievo con perdón das súas caras.

La feria de los jueves en el Coto de Santa Susana, é merecente de tallarla con las gubias de un ebanista o los buriles de un orfebre platero, o sobre el pergamino o sobre un fuerte papel de barba y rebarbas con una pluma, un pinceliño y una tinta oxidada da cor verde, ocre claro, almazarron, gualda, azul y bermellón.  

«A feira do xoves no Couto de Santa Susana»...«A feira do xoves no Couto de Santa Susana»...Desde esta glosa convocamos a la escenificación de este antiguo verso de  la vida del trueque europeo; todos los veinticinco de julio de los siempre esperados años santos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Santa Susana.

Hasta los años sesenta presidió un bosque ferial en el que los estudiantes, los labradores, las jacas y los caballos, las vacas, los cerdos, las nubes, los mugidos y el pulpo eran todo uno.

(fotgr. Matias Membiela Pollan)

 

 

El coto de la Gran Madre recogía entre sus brazos:

los carros de bueyes que descansaban su lanza en tierra;

las paisanas empujando sus parcas piaras de cerdos;

los buhoneros;

los polleros;

una viejecita, delgada y seca, arrastrada por una cerda mayor que la conducía por donde quería a pesar de ir trabada por una de sus patas traseras;

queixeiros;

hortelanos;

gandeiros que hacían la ruta desde Vigo a Santiago y desde Ferrol a Santiago por los antiguos caminos reales con las bestias de la compraventa que hacían paso y coz por la ruta paralela a la carretera general;

bocois de bo viño sobre la caja de los carromatos;

paraventos;

grandes caldeiros de cobre donde se cocía el pulpo, sobre una tremolante hoguera, al pairo de unos bancos ocupados por  "nos" charlando y cavilando frente a unas mesas en las que la madera, de tanto fregotear, ya sólo era fibra y nervio;

el vapor;

o trato;

los puestos al aire libre en los que se vendía tejidos y ropa hecha y ropa usada y gafas hechas y gafas usadas y las llamadas gafas de los muertos cuyos intermediarios eran los buhoneros que se suministraban por la gracia de los enterradores de cada parroquia;

caldereros serbios, hungaros, y de la mas cercana villa de Orense;

gaiteiros;

casetas;

peruleiros;

puntales de roble;

tratantes de Castilla y León y Asturias y la Cantabria y las Vascongadas y Cataluña y Andalucía;

caballos;

abades;

paraguas;

botas;

zuecos;

colores;

tintes;

agua;

lluvia;

aguaceros;

turbiones;

y el suelo embarrado por el que era más que frecuente que en nuestro siglo XIX se pasearan, tomaran notas, vigilaran y las veces mercadearan:

Alfredo Brañas, Maximino Teijeiro y Salvador Cabeza de León;

unos canónigos ben portados y "vellos por sabios y bellos por xovenes";

dous ou tres parellas da Garda Civil y "cuarto y mitad" de villeus;

alguna moza con su madre en demanda de colocación;

algún mozo dependiente en la Rúa del Preguntoiro con ánimo de encontrarse con un vecino de su aldea para inquirir noticias de la familia de aló;

algunas niñas, cos pes descalzos e ollando o ceo gris, a la venta y la reventa de unas puntillas  ya libres o ya apalabradas por sus madres y que traían desde Noya, Ribadeo, Camariñas o Bayona, ..., o a entregar en mano a la señora doña Carmen Membiela, vecina de Lugin y de Gali y Camps y directora de la Escuela de Labores y Corte en Blanco y Color, que situada en la rua del Villar era el lugar donde estudiaban Carmiña, Filo y Moncha ...

Galicia era una etnia histórica y vigorosa, sabia, y humana  a la espera de su ¡«propio mesías»!.

Galicia era una belleza; una armonía pisada pero viva, hidalga, mágica y en expectativa.

En otras glosas citamos por demás:

la costumbre que tenían los campesinos y los buhoneros y tratantes de otras tierras de bajar a la Rúa del Pombal y a Esterqueiras, a convenir en los figones el guiso del suministro que desde la aldea traían; para no hacer demasiado gasto;

a la par que describimos las cuadras y los pesebres y almacenes donde se depositaba tanto lo vendido como lo comprado; las leñeras al público y los establos y lugares para guardar las caballerías y los mulos, as ovellas, os porquiños, as vacas, os becerros e mais algún semental «ben trabado», y por su medido tiempo y bajo a guarda del ojo del postillón de cada -casa- los tiros de ostentacion de sangre española, alemana o inglesa y sus ricos  jaeces;

y en fin y también los rasos donde se localizaban, un poco a lo anarco y otro medio al desgaire y asambleario: las tartanas, los carros, carromatos, diligencias privadas, calesas y carretas: que por costumbre eran: la Senra, el camino a Pontevedra, Huertas, Esterqueiras ,.., y ¡asombrese usted!: la misma Rúa del Franco, en la Rúa Nueva e incluso en la Rúa del Villar.

Vease.

    

 

Lucindo-Javier Membiela Salgado

Matías Membiela Pollan

 

 

 

Santa Susana, 1892. O gando. En esta labor, os besteiros eran gandeiros ricos, algunos con prueba de hidalguía, al mejor estilo del far-west y con capataces a sus ordenes que dirigian sus propios grupos de chalanes; y don Manuel Murguía, hijo, un pintor de todo mi agrado agobiado por los interesados y profesorales consejos de su padre don Manuel que en el cuadro "Feria de Snta Susana " confunde el verde con la seca y la luz con el fulgor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto
La Casa de la Troya The House of Troy La Maison de la Rue de Troie La Casa de la Troya Edición Centenario
OBRA PREMIADA POR LA REAL ACADEMIA DE LA
LENGUA ESPAÑOLA
Edición de Lucindo-Javier Membiela
Ilustraciones de Cristina Figueroa

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