ALEJANDRO PÉREZ LUGÍN
compostela

Sobre la Casa de la Troya

LA CASA DE LA TROYA

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La Casa de la Troya.

La leyenda literaria, cuasiprofesoral, nos dice que el origen de esta conocida novela fue un cuento nombrado Venganza que subtitulado como asturiano se publicó en Por esos Mundos y que hoy en día se recoge en las obras completas de don Alejandro. Venganza se incluye dentro de un laboreo en que el autor dio a luz unos cuadros gallegos en el periódico El Mundo. Pasó el tiempo y la inspiración le llegó una tarde de verano en la que estaba paseando por una de las bellísimas corredoiras de Moruxo, en la llamada ría de Betanzos-Sada.

Ejemplar de la primera edición de La Casa de la Troya (Sucesores de Hernando, 1915). Está firmada por el autor y pertenece a la Biblioteca General de la Universidad de Santiago.

Pasmó.

Volvió a su casa y tomando la plumilla y unas cuartillas trazó el primer capítulo; que de seguido fue a consultar con su amiga y vecina la poeta Filomena Dato Muruais.

Las cifras, fechas y nombres que rodean la plasmación de todo el esfuerzo discrepan en poco. La primera edición, que salió en 1915, tuvo una tirada de 1.600 ejemplares, contaba con 448 páginas y llevaba una portada de Castelao. La tirada fue patrocinada por Gabino Páez, que era el gerente de Casa Hernando. A la primera edición siguieron otras tres, en el mismo año, lanzadas por la Casa Pueyo. Y en 1916 salió la cuarta edición. En 1925 el número de ediciones ya superaba el de treinta. En 1930 la editorial Juventud compró a Hernando y a la Viuda de Pueyo los derechos y en 1940 la Librería Galí inicia sus abundosas tiradas que repitió incesante y que en alguna de ellas alcanzó el número de los diez mil ejemplares. En 1946 la Editorial Fax imprimió las obras completas, cuando la novela ya iba por la septuagésima edición y las ediciones piratas en el extranjero, eran incontables. A La Casa de la Troya le hicieron un robo similar, ¿honor?, que al de las obras de Juan Ramón Jiménez a quien también saquearon los bandidos. En cualquier caso y en aquel toma y daca la situación se tornó tan chusca que, para darse pisto y hacerle el paripé a los propietarios de los derechos, los ejemplares se numeraron. Poseo diversos ejemplares de las ediciones más destacables. Mas en lo antedicho tuve en mis manos un ejemplar de una de ellas que venía marcada con el número siete mil setecientas setenta y uno.


Casa en Gandarío (Las Mariñas), muy cercana a Moruxo donde Lugín sitúa el pazo de Carmiña. En este lugar escribió don Alejandro gran parte de La Casa de la Troya. En la foto, aparecen el escritor Lucindo-Javier Membiela y el conocido periodista Antonio D. Olano, que también colabora en la Edición «Mayor» de la novela.

Hay ediciones de los periódicos El Correo Gallego y La Voz de Galicia y de otros muchos periódicos y revistas nacionales.

En la actualidad el libro se sigue agotando a la par que se inician las peculiaridades. La Universidad de Stanford la ha publicado y la Editorial Anaya hizo una sinopsis para la enseñanza del español.

A pesar de todo ello, La Casa de la Troya pocas veces ha salido con una introducción, a lo más brevísima, pocas veces ha sido ilustrada, a lo más con unas láminas, y sobre todo ninguna editorial ni equipo se ha preocupado de lavarle la cara y arreglar en lo mínimo su ortografía y sintaxis. La defectuosa e insegura prosa de su inicio se ha incrementado, sin más. Sin tener en cuenta que en muchos casos los errores fueron debidos al apuro de la edición y en algún caso a la deforme profesionalidad de los tipógrafos. Traigo aquí el recuerdo de un amigo de Lugín que lo visitó cuando la novela ya había roto aguas y que lo encontró lívido y desesperado y rodeado de una miríada de papeles arrugados e incontables pruebas de imprenta que se habían vuelto inmanejables.

La atmósfera de La Casa de la Troya.

Aunque en artículo aparte que forma parte de la introducción se hace esta salvedad, me permitiré la ocasión de exponer al elegante modo de lo breve la atmósfera que Lugín respiró al escribir La Casa.

Vaya aquí y sólo en resumen que Lugín se sumergió en una narración, historia o historieta gótica-picaresca-estudiantil-zarzuelera, en la que se advierte el adobo de El Quijote, El Estebanillo, Fausto, Lázaro de Tormes, Gil Blas, Quevedo, Fausto, Copperfield, Dorian Grey y Roberto el Diablo. Eludió cualquier pica-pica anarquizante y por supuesto el ambiente del pueblo abusado que aparece de continuo en las obras de Pío y Ricardo Baroja, Valle, Azorín, Picasso, Bargiela y Blasco, cuando en más o en menos formaban un grupo tan tieso, vociferante y agresivo como el de A Cova Celtica.

Estudiantes de Derecho, en 1888. Entre ellos, Alejandro Pérez Lugín, Nieto (Nietiño), Casás o Pardo Pallín (Samoeiro).

La Casa de la Troya, el cine.

Don Alejandro, amante de lo arcano aprovechó los adelantos de su tiempo, a la mayor gloría de su bolsa y de la popularidad de La Casa de la Troya; de la que siempre estuvo enamorado.

¡Hablad!, ¡Hablad de ella!... ¡Nunca, la olvidéis!

La primera versión cinematográfica de la obra fue acabada en 1924, producida por Antonio Moriyón y dirigida por don Alejandro con el asesoramiento de Manuel Noriega. En 1925, Troya Films, de la que también era socio don Alejandro, la estrenó en La Zarzuela de Madrid al mismo tiempo que en Barcelona. La protagonista era Carmen Viance y entre otros también intervinieron Luis Peña como Gerardo Roquer, Florián Rey como Panduriño y Juan de Orduña; siendo la fotografía de Arroyo, Gaspar y Mascasoli. La película, con el espíritu de un tomavistas, tiene un tono machista y burgués que era muy al gusto de la época y su resultado es el de un portafolio. Carmiña vive en la Casa de la Parra, todos los personajes usan el uniforme de su oficio y el teatralismo se manifiesta incluso en el manido recurso de los fondos, hechos con telones. En esta versión, para escenificar el Pazo de Carmiña se utilizó la casa-fuerte de Oca.

Fotograma de la película de La Casa de la Troya (1925). Dirigida por Manuel Noriega y Alejandro Pérez Lugín.

Cartel de la versión cinematográfica más emblemática. Fue dirigida por Rafael Gil en 1959, siendo sus protagonistas Arturo Fernández y Ana Esmeralda.

En 1936 y dirigida por Juan Vilá Villamala y Adolfo Aznar se hizo otra versión por la productora Vilá Films, adaptación de Carlos Primelles con fotografía de Pérez de Pedro y Mascasoli. El resultado es un tópico. Se estrenó en 1939 en el cine Rialto.  Intervinieron: Tony D’Algy e Isa de Navarra en los papeles de Roquer y Carmiña.

En 1930 la Metro Goldwyn Mayer había hecho una versión que tituló Sevilla de mis Amores, en la que el protagonista era un matador. Los actores principales fueron Ramón Navarro y Dorothy Jordan, bajo la dirección de Robert Z. Leonard.

En 1947 se hizo una versión mejicana al modo de un folletín, un dramón, bajo la dirección de Carlos Orellana, con la actuación de Armando Calvo y Charito Granados y con el diálogo construido por el poeta Manuel Altolaguirre y la adaptación musical de Rodolfo Halffter. En 1948, se estrenó en el cine Olimpia de Méjico. Hay una versión para la televisión.

En Galicia y en particular en Coruña, en donde la película de 1925 se estrenó en el Teatro Linares Rivas, mereció el aplauso del público y de la critica. El film tuvo una buena repercusión regionalista, tanto en Compostela y el noroeste de España como en los periódicos y revistas de los centros gallegos en América. La película es tributaria del urbanismo y la arquitectura institucional: la Universidad, Casino, cafés, sociedades, el Paseo de la Herradura, la Catedral, el abandonado Cuartel de Santa Isabel y la Falcona. Es de notar que entre los papeles secundarios el de Panduriño es el más relevante, denotándose por este motivo la simpatía que el público le mostraba a aquellos sujetos de origen desconocido que por su esfuerzo personal, sin amenazar, burlar ni estafar, eran primados por la sociedad.

En los años 50, y con la presencia del troyano Manolo Casás, que había sido alcalde de la Coruña, se reinaugura la Casa de la Troya en un acto multitudinario en el que se coloca una placa conmemorativa.

Hasta el momento, la versión más aceptada es la de Coral Producciones Cinematográficas, de 1959, producida por Juan de Rada, dirigida por Rafael Gil, adaptada por García Serrano, fotografiada por Michel Kelber con decorados de Alarcón y protagonizada por Arturo Fernández y Ana Esmeralda, José Rubio como Barcala, Julio Riscal como Madeira, Manolo Gil como Panduriño, Félix Fernández como don Ventura y Cándida Losada. Pepe Isbert hizo una contribución magistral en el papel del catedrático don Servando —Jacobo Gil—, al igual que Manolo Morán dando vida al capellán Minguiños.

La Casa de la Troya, la critica.

La crítica nunca favoreció la obra, y su inclusión en antologías que no son de género es casi inexistente. No se concebía que don Alejandro, que era un periodista de raza, de los que exponen su opinión con un estentóreo vozarrón en las plazas de toros y en el teatro, revistero y comilón, pudiera crear algo.

Diversas ediciones de La Casa de la Troya. El éxito de la novela se vislumbró como un fogonazo desde el mismo momento de su edición en 1915.

La novela a pesar de su popularidad es trivial. La prosa no es buena. Los caracteres fallan. Y las escenas hacen agua polos buxeiros. Pero aun así se le pueden aplicar dos frases que son patrimonio de los nativos de la tierra-escenario: ¡Ei te ver!, significando que la crítica puede ser o no positiva pero ¡ei te ver! publicando una novela tan popular y vendida como es La Casa; y ¡Ei Carballeira!, en el sentido de que la realidad se impone y todo lo que se pueda escribir o decir en contra es una vaciedad ante la verdad de su éxito.Véase Bompiani, Rico y Cansinos Ansens.

En 1925 y en el Blanco y Negro, el crítico Galisonga dice que Galicia está obligada a Pérez Lugín. Y en 1928 y en la misma revista, Sppotorno y Topete valora las descripciones provincianas del autor. En 1946, Valbuena Prat la tacha de costumbrista. En 1953 y en El Faro de Vigo, mi maestro don Benito Varela Jácome le atribuye el mérito de la descripción del ambiente estudiantil. En 1958, Sainz de Robles dice que la novela apenas tiene argumento pero posee un gran encanto juvenil. En 1959, Joaquín de Entrambasaguas escribe que, «Es inútil desdeñarla con un despreocupado y pedante ademán […]». En 1959 y en el ABC Joaquín Calvo Sotelo tacha la frivolidad de Barcala, el señoritismo trasnochado de Gerardo y el valor de Panduriño afirmando que la obra se escribiría de otra manera si se hiciera en aquella fecha. En 1967, Eugenio de Nora incluye a Lugín en el epígrafe El Retorno a la Novela Costumbrista, en la compañía de Pedro de Répide, Francisco Camba, José Francés, Ramírez Ángel y José Más. Y en fin: Emilio González López de The City University of New York, J. Balseiro de la de Tucson University of Arizona, González Más, Ramírez de Arellano, Ana María Losada, Cores Trasmonte y quien esto escribe, en diversas fechas y entre otros muchos críticos, lectores y escritores, la alaban por diferentes motivos o han denotado alguna de sus peculiaridades y motivos.

La Casa de la Troya, el edificio.

En contra de lo que afirmó Alejandro Barreiro, la posada de doña Generosa no era el lugar escogido por la flor y nata de los estudiantes de Santiago entre 1885 y 1905. Aquellos parvuliños prefirieron, según reflejan en sus expedientes, las hospederías de la Rúa del Villar y de la Rúa Nueva. Hay que hacer una salvedad general porque muchos de los estudiantes estaban oficialmente domiciliados en la casa de los tutores que les señalaban sus padres.     

Interior de la Casa de la Troya. En la imagen, el comedor de la antigua pensión.

El edificio de La Casa de la Troya que durante bastante tiempo se quiso rehabilitar para casa de huéspedes consta de tres pisos con buhardilla y balconcillo; en su fachada un balcón de hierro forjado y en el sótano una bodega y pesebre.Hoy es un espléndido museo.

Una más amplia realidad nos informa de que la rúa de la Troya estuvo plagada de casas de huéspedes; pensiones para estudiantes. Por lo que La autentica Casa de la Troya son todas las hospederías que en aquel momento 1885-1887-1888 al 1914 estaban abiertas.

La Casa de la Troya, la fecha.

Alejandro Barreiro da la fecha de 1885 o 1886 como la del año en que se ambienta el inicio de la novela. Más tarde afirmó que es un periodo impreciso que corre desde 1888 a 1905. Recordaré que Lugín acaba su carrera en 1891. Algunos autores señalan la fecha de 1892. Parece ser que el año escenario es el de 1888, que además es el del fallecimiento de la madre de Lugín.

En mi opinión La Casa se desarrolla en un intervalo de tiempo que limita con el año 1914. Esto se advierte al ojear las publicaciones de su tiempo. Sin dejar de considerar que las costumbres en aquella época no variaban de inmediato como lo hacen en la actualidad. Por supuesto que no he olvidado el año 1888. Al que me he confrontado a través de varias publicaciones de aquel tiempo, encontrando en sus páginas una buena parte de los personajes y escenarios y motivos que Lugín utilizó para el pergeño de su obra. ¿Y también en las publicaciones periódicas del año 1885, año del fallecimiento de Rosalía de Castro, 1889, 1890..., 1907...?

Facultad de Derecho de Santiago, donde estudiaron los troyanos; y en la que hoy se imparte la carrera de Geografía e Historia.

La Casa de la Troya, el teatro.

Como obra de teatro se remató en 1918 en el llamado Pazo de la Peregrina, en la proximidad del Portazgo-Vilaboa-Alvedro-El Burgo. Su principal autor fue Manuel Linares Rivas, que se ayudó de la premiosa intervención de su amigo don Alejandro. Se estrenó, en el Teatro de la Comedia de 1919 y obtuvo un gran éxito; llegándose a las doscientas representaciones. Actuó el galán Manuel González y la protagonista fue Carmen Jiménez; Bonafé hacía de Barcala y Zorrilla de Panduriño. El estreno acabó en medio de la euforia a la una y media de la madrugada, con la sala abarrotada, y una multitud de asistentes conocidos entre los que destacaban Emilia Pardo Bazán, Benavente, Sánchez Guerra, Bugallal, García-Prieto y González Besada. Al finalizar la obra, don Manuel Linares tuvo que salir seis veces a escena. Durante su desarrollo, el público participó entre una grande y divertida algarabía, jolgorio, salvas cerradas que procedían del gallinero y vivas a Galicia.

La prensa le dio su parabién.

Manuel Linares Rivas. Conocido dramaturgo y amigo de Lugín. Llevó la obra al teatro en 1918 siendo estrenada en el Teatro de la Comedia de Madrid donde obtuvo un rotundo éxito.

A la mañana siguiente El Sol destacaba que la obra era un canto a la juventud. El Debate evocó la trayectoria de Lugín y escribió que era de suponer que Galicia lo nombrara hijo adoptivo. La Jornada alabó una obra tan sugerente. El Fígaro dijo que la obra de Lugín había quedado incluida en el tesoro escénico como una joya de incalculable valor. En el ABC se escribió que la obra habla al corazón y se destacó las escenas de la Catedral y de la posada. Y El Imparcial comenzó su crónica con un entusiasta ¡Ey, Carballeira!

Poco después, la adaptación de Linares Rivas fue muy aplaudida en América y recibida con entusiasmo en Buenos Aires y Montevideo. En esta capital fue estrenada en el Teatro Solís por la compañía de Antonia Plana, que interpretó admirablemente el tipo de Carmiña, «[…] bien que dice muy aprisa […]».

En la Compostela del tiempo de La Casael continente americano estaba muy presente, era un azaroso Jauja. Tener un tío en Montevideo o en Flandes, véase El Último Estudiante, era lo mismo que tener un décimo de lotería.

La Casa de la Troya, la zarzuela.

La novela se hizo obra teatral, en las manos de don Manuel Linares Rivas a quien ayudó don Alejandro.

Posteriormente Silva Aramburu y Luna la hicieron zarzuela, siendo estrenada en Madrid cuando Lugín ya había fallecido.

Fue un fracaso.

Se espera su reposición en el año jubilar del 2010.

Grupo de literatos e intelectuales de finales del XIX. Entre ellos se encuentra Camilo Bargiela (uno de los alter ego de Lugín que en la novela al rebautizarlo como Casimiro Barcala). Tercero por la izquierda de la primera fila superior.

La calle de la Troya.

El apelativo de esta rúa puede provenir de un destino non santo. Tal el de haber sido el escenario de las necesidades más simiescas. Otro significado es el del lugar de la zaranda o barahúnda, de la confusión y la intranquilidad que genera en nuestro caso la multitud de habitantes que en la rúa habitaban.

A Lugín este nombre le viene al cuento. En su tiempo era corriente que la elección del nombre de las personas, las calles y el sobrenombre de las ciudades se hiciera a connivencia de la trama y el argumento; con un claro antecedente en la denominada «la calle del Ataúd» de El Estudiante de Salamanca de José de Espronceda; en Clarín y Cela.

 

La Troya y los troyanos.

Es una poesía escrita por Enrique Labarta Pose, en la que evoca a Lugín, a Barcala, algunos comercios y demás personajes a los que hago referencia en otro apartado de mi obra que sin duda incluiré en esta ventana en fecha próxima.

Claustro de profesores que cuenta con la presencia de don Timoteo Sánchez Freire, don Cleto Troncoso o don Jacobo Gil (Don Servando).

Los Troyanos.

El término es laxo e incluye:

A los tunos de cualquier universidad.

A los estudiantes de cualquier universidad.

A los estudiantes de la posada de doña Generosa.

A los de otras fondas, posadas y adheridas: la posada La Vizcaína, Casa de doña Concha, la de la Conga que puede ser la Fonda Suiza, la de las Caamaño en la rúa del Preguntoiro y la de Reparaz.

Al gran sastre Santiago Cimadevila que era contrabajista.

A Requejo que era panderetólogo y fue archivero del Ayuntamiento de Vigo.

A Botana, Pando, Madrigal...

Y a todos los habitantes de Compostela.

Y a los peregrinos que después de arrodillarse ante el Apóstol visitan el Museo de La Casa de la Troya para rememorar el hálito de su etapa estudiantil.

Javier Puig Llamas (en la obra Javierito Flama, el Tamames de la posada), que llegaría a ser presidente de la Diputación de Pontevedra.

La obra de Lugín es uno de los patrimonios de Compostela.

El apelativo «Troya» que tiene los parónimos de follón, jaleo, celestinaje e incluso del lugar donde se hospedan las prostitutas, pasó a integrar al estudiante despistado, camarada en la jarana, y siempre amigo en la paz y en el alboroto.

Don Alejandro en la primera lectura parece que los hace jóvenes adolescentes pero en la segunda se entrelee que troyanos lo eran todos. Desde don Ventura y don Servando hasta don Laureano, doña Ramona, Octavio, La Maragota, los muchachos del barrio de San Pedro, las monjitas, los canónigos, los profesores libertinos, los comerciantes de todas las rúas, los empresarios del transporte y las patronas y patrones en la hostelería y todos los europeos, los americanos y los asiáticos.

Durante la corta vida de Lugín el nombre de sus amigos fue evolucionando de acuerdo con las circunstancias. En los que denomino troyanos de la mesa redonda me permito incluir a: Manolito Gómez, abogado y secretario judicial en Orense; Manuel Casás, abogado y alcalde de Coruña; Alejandro Barreiro, crítico de arte y director de La Voz de Galicia; el coronel Cerecedo, niño y después coleccionista de arte y médico; Nieto Méndez, abogado y origen de una saga de artistas; Javier Puig Llamas (Javierito Flama), presidente de la Diputación de Pontevedra, Linares Rivas, escritor; Camilo Bargiela, escritor y diplomático...  

Tuna de Santiago de Compostela en los años 30. Su presidente fue el doctor Aquilino Fernández (el Coronel Cerecedo) que siendo niño había conocido y hecho amistad con don Alejandro cuando ambos veraneaban en el pueblo de Alvedro, a pocos kilómetros de Coruña.

Unos fueron conocimientos del tiempo de Lugín. Otros, no. Bargiela perteneció a la generación anterior. Alejandro Barreiro a la posterior. El coronel Cerecedo era un veraneante, hijo del comerciante Aurelio Fernández y amigo de Lugín; con posterioridad fue director de la tuna y profesor de la Compostelana.

The House of Troy
OBRA PREMIADA POR LA REAL ACADEMIA DE LA
LENGUA ESPAÑOLA
Edición de Lucindo-Javier Membiela
Ilustraciones de Cristina Figueroa