ALEJANDRO PÉREZ LUGÍN
compostela

LA TORRE DE HÉRCULES EN "LA CASA DE LA TROYA": PAISAJE, TRÁNSITO Y PERMANENCIA

18 de diciembre de 2025

En el capítulo I de La Casa de la Troya, Alejandro Pérez Lugín sitúa la acción en un momento decisivo de tránsito: la llegada de Gerardo Roquer a A Coruña en tren desde Madrid y su posterior viaje hacia Santiago de Compostela en diligencia, a través de la conocida Ferrocarrilana, línea que unía ambas ciudades a finales del siglo XIX. 

Antes de abandonar la ciudad, el paisaje atlántico se despliega ante el personaje desde la ventanilla de la berlina en una sucesión rápida de imágenes que definen A Coruña y su entorno. Pérez Lugín lo describe con precisión enumerativa:

“La soleada calle de San Andrés; la bahía, amplia y azul; las leiras feraces de la otra orilla; la linda ría del Burgo; la imponente majestad del Océano; las galerías de la Mariña refulgiendo al sol; la Torre de Hércules, que se alza casi en el mar como una esperanza o un adiós; el castillo solitario en la ría…”.

La escena, concebida como una visión fugaz, se cierra con un gesto significativo: Gerardo despide la ciudad con un suspiro involuntario. La Torre de Hércules aparece así no solo como elemento del paisaje, sino como hito de despedida, marcando el límite entre la ciudad atlántica que queda atrás y el camino hacia Santiago que comienza.

La elección del faro no es casual. Construida en época romana como señal marítima del puerto de Brigantium, la Torre había sido durante siglos punto de referencia para navegantes, viajeros y observadores extranjeros. Ya en 1779, John Adams y su hijo John Quincy Adams, futuros presidentes de los Estados Unidos, mencionaron la Torre en sus diarios durante su estancia en A Coruña. A comienzos del siglo XIX, Alexandre de Laborde la incluyó en sus descripciones del territorio, y a finales de ese mismo siglo Emilia Pardo Bazán incorporó este paisaje atlántico a su escritura. En esos años, Pablo Picasso, siendo niño durante su estancia coruñesa, dibujó la Torre como parte de su aprendizaje visual.

Desde una perspectiva simbólica, el faro concentra el sentido de la luz fija y elevada. En sus Diccionarios de símbolos, Juan Eduardo Cirlot asocia esa luz a la orientación frente a lo indeterminado, mientras que Chevalier y Gheerbrant la interpretan como una presencia que advierte sin intervenir. Esa lectura ayuda a comprender la potencia de la imagen elegida por Pérez Lugín: la Torre como señal estable en un momento de tránsito, como referencia que permanece mientras el viajero se aleja. 

Así, en La Casa de la Troya, la Torre de Hércules queda fijada desde las primeras páginas como parte de la memoria literaria del viaje, ligada al mar, a la partida y a esa condición ambigua que el propio autor resume con precisión: una esperanza o un adiós.

 

Matías Membiela-Pollán

Foto
La Casa de la Troya The House of Troy La Maison de la Rue de Troie La Casa de la Troya Edición Centenario
OBRA PREMIADA POR LA REAL ACADEMIA DE LA
LENGUA ESPAÑOLA
Edición de Lucindo-Javier Membiela
Ilustraciones de Cristina Figueroa

Síguenos