A Coruña, 1867-1960. Amigo de Lugín. Abogado. Llegó a presidente de la Real Academia Gallega y del Instituto de Estudios Gallegos. Fue alcalde de Coruña en los periodos 1916-1917 y 1925-1927 y Gran Cruz de Isabel la Católica.
En la novela aparece en multitud de ocasiones, ya como impulsor de la escena o como actor secundario.
Como abogado, fue un conocido criminalista. Desde Coruña le remitió a Lugín la apelación ante el Supremo del conocido como «El Crimen de la Herradura». Colaboró en diversos periódicos tal como El Imparcial de Madrid, y su extensa obra incluye ensayos de diverso corte: El regionalismo en Galicia, Antecedentes del descubrimiento de América, Mujeres célebres, Dante criminalista, Concepción Arenal: su vida y su obra, Las ideas jurídicas del Padre Feijoo, Cervantes en Galicia, Monografía sobre la poesía popular de Galicia, Páginas de Galicia, Voltaire Criminalista, Dostoievski Criminalista y El problema de la delincuencia en los menores.
Con motivo de la querella sobre la paternidad de la novela aseguró que vio como la misma salía renglón a renglón de la pluma de Alejandro Pérez Lugín y se dirigió al director de La Voz de Galicia ofreciéndose como testigo directo de lo que en Santiago fue vivido y luego escrito por don Alejandro.
Como alcalde de Coruña, fue uno de los impulsores de la Ciudad Jardín, en la que no hay una mera escultura que recuerde tan buen alcalde como peculiar personaje, y de los conocidos edificios de Hacienda, Correos, la Cárcel y la Audiencia.
Los troyanos que se dedicaron a la abogacía sintieron una peculiar vocación por el coleccionismo, el arte y la literatura y además por los tics de los delincuentes. Manuel Casás fue notable por su afición al escenario de la almoneda y al lance ropavejero, con tonantes antecedentes en la personalidad y obra de Pérez Galdós y de la Pardo Bazán.
Manuel Casás, que tuvo en 1926 el doloroso honor de presidir el entierro de Lugín en el cementerio de San Amaro de Coruña, acompañó a nuestro autor en su gloriosa etapa de éxito y en aquellas en las cuales caía en sus extrañas irrupciones mentales que le llevaban a romper a bastonazos la luz eléctrica y el teléfono de la taberna las Crechas o a tirar desde el comedor a la calle el casco de una botella de champán al par que voceaba loores a Gelmírez y Fonseca.
¿Extraña irrupción? ¿Romanticismo? Lugín se dolía de la pérdida de la atmósfera que tanto amó. Al igual que los parroquianos de aquellos intervalos célticos que en alguna oportunidad estallaron en vivas, hurras y ovación.
En lo más estricto.
Don Manuel Casás Fernández nació en La Coruña el 17 de agosto de 1867. Aprobó el grado de Bachiller en el Instituto de Coruña en los ejercicios del 16 de octubre de 1885 con la calificación de aprobado, teniendo 18 años y siendo el secretario general del Distrito Universitario de Santiago don Alfredo Brañas y su rector don Antonio Casares. En el curso 1888-1889 solicitó la matrícula en las asignaturas de Derecho Penal, Derecho Civil (primer año) y Derecho Internacional Público. Ya en 1891 y con motivo del certificado de su expediente universitario firmado por el secretario general Milón, aparece domiciliado en el número 42 de la calle San Nicolás de Coruña. Obtiene el grado de licenciado con la calificación de Aprobado después de exponer La doctrina estatutaria y la teoría de las nacionalidades en la esfera del derecho internacional privado y ser juzgado por un comité que preside Jacobo Gil (don Servando en la novela), el vocal Miguel Eleizegui y el secretario Vicente López Vigo. El título de Manuel Casás es firmado por Maximiliano Linares Rivas, el 8 de octubre de 1892 que era tío de nuestro amigo Manuel Linares Rivas quien como ya escribí hizo la adaptación al teatro de La Casa de la Troya.
Dice Manuel Casás en La culpa fue del Teléfono, entrevista que le realizan cuando es alcalde de Coruña: «Cuando Lugín se hallaba en el pináculo de la gloria, vino a Santiago y me pidió que le acompañase a la taberna de las Crechas, como evocación de nuestro pasado. Le dije que había prosperado mucho y se habían trasladado a la calle de Azabachería. Fuimos a la taberna y Pérez Lugín se lamentó de su transformación y como protesta comenzó a enfadarse al ver la luz eléctrica. Pero cuando vio el teléfono su indignación subió de punto y empezó a gritar y a dar bastonazos como un demente. Estaban allí varios parroquianos que se mostraron extrañadísimos. Cuando les dije que era Pérez Lugín comprendieron lo que pasaba y la ovación fue clamorosa».
Casás llegaría a ser un personaje muy querido, en toda Galicia. Le gustaba vestir fashion y era impoluto, tal cual como los caballeros y los petimetres que se paseaban por la Cibeles y eran el objeto de la plumilla y la acuarela de Máximo Ramos, Penagos, Bartolozzi, Climent, Rikardo, Esplandiú y demás ilustradores de la excelente Generación ABC.
Manuel Casás Fernández gozó de una vida longeva y falleció en 1960 en su ciudad natal, A Coruña.
Lucindo-Javier Membiela & Matías Membiela Pollán