ALEJANDRO PÉREZ LUGÍN
compostela

RÚA DE JERUSALÉN

16 de junio de 2024

Barrio de mercaderes hebreos. Estaba fuera de muros, contiguo a las vías Francígena y Sacra y paralela a la calle de la Troya. Tenía un hospital y una hospedería. Al parecer, la sinagoga ocupaba las casas n.º 1 y n.º 2. 

Pérez Lugín cita a un judío, «Los libros de estos estudiosos jóvenes tiene Vuestra Eminencia que buscarlos en casa de don Nicanor, el judío de la calle de Ante Altares, así como todas las demás prendas pignorables de estos sus seguros servidores [...]», que se dedicaba a la compraventa.

La realidad es que los sujetos de esta etnia eran casi inexistentes a pesar de que en los años setenta del pasado siglo proseguía el rumor sobre la condición judaica de algún comerciante de la ciudad. Uno de ellos, conocido por quien esto escribe y que tenía su negocio en la Rúa del Franco, aparece recogido bajo otra consideración en el libro de Diego Bernal que se titula Las Siete Puertas de Santiago de Compostela. También y así era nombrado un librero de antiguo, posiblemente el mejor del noroeste español, que tenía su establecimiento en la Rúa del Villar.

La región gallega, dejando aparte la Biblia de Kennicott y otras observaciones puntuales, estaba alejada de los circuitos judíos. Bien que siempre hubo una excelente relación con los de Andalucía, Inglaterra, Portugal, Francia, los Países Bajos, Holanda y Polonia; y en la línea Burdeos-Coruña-Vigo-Oporto-Lisboa-Cádiz-Málaga-Valencia y Baleares. La historia refleja el asentamiento de los judíos en el sur de la región galaica y en particular en la comarca orensana de donde era originario el bueno de Madeira.

En los censos de finales del XIX los apellidos judíos, como Jeremías, no eran ningún estigma y además los portaban individuos cuyas familias estaban cristianizadas desde antiguo.

Para cerrar este escrito, advertimos que en El último estudiante, el protagonista menciona la herencia que todo compostelano agachaba en su imaginario cultural. El tío o pariente lejano, rico, riquísimo, tenía su propio escenario; entre los miolos de aquellos benditos; tanto si vivía en Montevideo y pronto debía morir en Montevideo, La Habana o Filadelfia, como si se paseaba por Flandes, tal como ocurre en la novela Pascual López.

La presencia de los Países Bajos era tonante y heredera nada menos que del siglo XVI. Los belgas y los holandeses seguían comerciando con el cantábrico y ofreciendo su casa a los literatos y a los pintores que buscaban un mundo diferente al italo-greco-romano. Recordemos que los hermanos Brocos pasan a Francia donde refrescan sus modelos. Pero ya antes y después al poco serán los discípulos de Isidoro los que viajen a lugares que parecían exóticamente artísticos; Llorens y Álvarez de Sotomayor subirán a Flandes y Pablo Picasso viajará a Holanda.

Llorens veraneará en Sada donde conocerá a Lugín y donde frecuentará la tertulia de la Pardo Bazán en la Granja de Meirás. Desde allí, doña Emilia invitó a Alonso de Beruete, discípulo de Carlos de Haes que tanto influyó en Ovidio Murguía de Castro quien fue el pintor notario del Sarela y del Coto de Santa Susana. Alonso de Beruete pintó unas magníficas marinas de las rías gallegas, mientras que Ovidio Murguía, más ortodoxo, no tuvo tiempo a despegar la influencia de su maestro, el flamenco Carlos de Haes.

Con esto se cierra el círculo. Muchos de los judíos expulsados de España pasaron desde Galicia a Inglaterra o a Portugal camino de Flandes. Algunos no olvidaron el último fondeadero español que dejaron atrás. Y otros reconvertidos en capitalistas, banqueros, comerciantes o maestros de taller influyeron en el camino mercantil de Galicia y en el imaginario cultural de sus habitantes; recordemos de nuevo la fantasiosa fortuna del tío rico que vive en Flandes. 

 

Lucindo-Javier Membiela

Matías Membiela Pollán

 

* Las rúas, placillas, entrerrúas y venelas que se encuentran entre el bajo Toral y la Atalaya son una delicia; y el sellolacre de la Compostela artesana.

Foto
La Casa de la Troya The House of Troy La Maison de la Rue de Troie La Casa de la Troya Edición Centenario
OBRA PREMIADA POR LA REAL ACADEMIA DE LA
LENGUA ESPAÑOLA
Edición de Lucindo-Javier Membiela
Ilustraciones de Cristina Figueroa

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